Análise: Roque antiimperialista – II

Por Carmen Elena Villacorta*

 

Solamente con la comprensión de nuestra sociedad como un complejo fundamentalmente determinado por la relación de dependencia con respecto al imperialismo, será posible establecer el carácter unitario, ininterrumpido, del proceso revolucionario que deberemos impulsar.

Roque Dalton (1969)

 

Dos ensayos políticos de Roque componen el segundo tomo de la compilación Imperialismo y revolución en Centroamérica (Ocean Sur, 2011): “El Salvador, el istmo y la revolución” (1969) y “Partido revolucionario y lucha armada en la formación social contemporánea de El Salvador” (1972). Si en el ensayo que constituye el primer tomo Roque acudió al collage, estos artículos guardan una forma más convencional, sin perder por ello la destreza en el uso político de la cita. A quién cita, en qué momento de la argumentación y por qué son claves de lectura, tanto de su poesía, como de sus textos no literarios. Comunistas salvadoreños, latinoamericanos y europeos, Fidel Castro, el Che Guevara y, preponderantemente, Lenin, serán en estos textos los interlocutores de un Dalton que ha optado ya por la lucha armada revolucionaria y busca convencer a la militancia de izquierda, especialmente a la militancia comunista de El Salvador, de que es ese el camino a seguir.

Es contra la posición “pacifista”, “quietista”, “reformista”, “derechista” y “seguidista” que, a juicio de Roque, predominaba en la dirigencia y en gran parte de las bases del Partido Comunista salvadoreño (PCS), contra la que afilará sus dardos intelectuales. El Salvador y la tradición revolucionaria que allí era preciso reivindicar para encarar el desafío de tomar el poder y realizar la revolución son los objetivos de estos ensayos. Emulando a Lenin, Roque argumentará en dos direcciones: el análisis de la formación social y el estudio detallado de los sucesos de 1932 como parteaguas, tanto de la historia política del país, como de la historia de su “vanguardia revolucionaria”. Desde la perspectiva daltoniana, fue concebir a la Rusia zarista, con todo y sus “resabios feudales”, como estructuralmente vinculada al capitalismo, lo que permitió a Lenin formular su exitosa teoría de la revolución. Así pudo establecer cuál era la sociedad a transformar, quién debía transformarla y cómo. Aquí radica una de sus principales diferencias de Roque con el PCS, el cual defendía para entonces la “teoría de las dos revoluciones”, una “democrático-burguesa” primero, que superara la condición “feudal” de la economía nacional, y otra socialista después.

La segunda línea argumentativa de Roque será la apuesta por la concepción leninista de lucha armada. Si el enemigo a vencer era, en lo inmediato, la oligarquía y el ejército local, pero en lo fundamental, el imperialismo, la guerra popular que debía emprenderse no podía dejarse librada al “espontaneísmo”. 1932 es, a los ojos del autor, no la muestra de que la insurrección popular sea un equívoco, sino la prueba fehaciente de lo delicado y determinante que es la lucha armada del pueblo insurrecto. Lenin considera grandiosa a la palaba insurrección y le da un tratamiento teórico y político acorde a esa calificación. Con base en ella, Roque ofrece una detallada observación de los errores estratégicos, tácticos y militares cometidos por el PCS en el levantamiento de 1932. Una mentalidad premarxista y antileninista condujo al partido a confiar en que la indignación de las masas y su disposición a tomar las armas conducirían, per se, al triunfo de la embestida rebelde.

Función de la vanguardia revolucionaria era, por el contrario, introducir en la clase trabadora la conciencia de que solo un ejército popular bien entrenado, suficientemente armado, fogueado en el combate político, ideológicamente bien formado y articulado a las masas podía conducir al triunfo del pueblo. Ello no se haría de la noche a la mañana y no sería fácil ni sencillo. Sería prolongado en el tiempo y conllevaría riesgos de fracasos y retrocesos, como el experimentado por el Che en Bolivia. Cuba, Vietnam y Corea mostraban, como contraparte, rutas certeras hacia la victoria antiimperialista y revolucionaria.

 

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*Carmen Elena Villacorta é Articulista e académica. Doutoranda em Estudos latino-americanos pela Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Mestre em Estudos Latino-americanos pela UNAM. Licenciada en Filosofía pela Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), de El Salvador. Pesquisa sobre transición a democracia en El Salvador América Central.

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